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Morante de la Puebla, de lo sublime a lo inolvidable en Córdoba

imageRoberto García-Minguillán de Gregorio · Mes de mayo, feria de Nuestra Señora de la Salud de Córdoba y temperatura muy agradable, tres festejos mayores, y un único protagonista gigante: Morante de la Puebla, que cuajó una de las mejores tardes que han tenido lugar en el incomparable marco del Coso de los Califas, y que han catapultado a su afición, una actuación que marcará un antes y un después en la historia del toreo, Morante cuajó a sus dos toros en una actuación culmen, sublime, indescriptible, siendo premiado con cuatro orejas y un rabo.

José Luis Moreno, puerta de los califas
La feria también tuvo varios puntos álgidos, uno de ellos llegó con la actuación del espada de Dos Torres, José Luis Moreno, quién abrió una vez más la puerta de los Califas, tras una actuación muy completa, donde cuajó a sus toros con capote, muleta y espada, posiblemente una de las tardes más completas del diestro Cordobés en su plaza, pero no la más rotunda, aunque muy meritoria al ser su primer paseíllo en esta temporada. Con una corrida desrazada y blanda de La Palmosilla, poco pudieron hacer sus compañeros de cartel, “El Cid” obtuvo una oreja facilona en el quinto de la tarde, donde lo más destacado de su actuación fue el buen manejo de la espada; mientras que Daniel Luque se cerró con la espada una muy meritoria Puerta de los Califas, pues en el que cerró plaza, además de torear de manera muy pausada con el capote, cuajó una actuación de figura del toreo, y a base de mucho porfiar y tragar lo suyo, consiguió robarle bellos muletazos a un toro agarrado al piso. Casi media plaza registró el coso cordobés.

Perera, la madurez; Talavante, la frescura y Mora corta la oreja
Tarde fría y desangelada la vivida el pasado viernes 31 de Mayo, donde una desfondada corrida de Núñez del Cuvillo echó  al traste las esperanzas e ilusiones de los aficionados, aunque sí  que hubo momentos muy importantes, como la firme, contundente y pasmosa actuación de Perera en el que abría plaza, una actuación que curiosamente se quedó sin premio, curioso cuando hubiese sido la oreja de mayor peso de la feria.

imageTalavante también se quedó sin premio después de ejecutar un trasteo de gran altura, donde hubo imaginación, frescura y mando, pero que por desgracia emborronó con el acero, ese mismo acero que si funcionó en el caso de David Mora, el diestro toledano cortó una oreja al tercero de la tarde, a base de tesón y perseverancia, y con la figura erguida, ¡que ocurrió en contadas ocasiones! consiguió muletazos de bella factura. Media plaza en los tendidos.

Morante sublima el arte del toreo
El coso de los Califas contó con un final de feria feliz, muy muy feliz, la traca final perfecta y soñada por las casi quince mil almas que llenaban el graderío, y con un ambiente de “runrún”, de tarde importante, y así fue.

Tanto es así que a la fiesta se unió  el gran monstruo de Galapagar José Tomás, con quién el arriba firmante se encontró al llegar a Córdoba, muy agradable y amable en todo momento, agradeció las muestras de cariños a él destinadas, ojalá y lo podamos ver muy pronto vestido de luces, en Córdoba en esta feria de mayo estuvo José Tomás, aunque eso sí, de paisano.

Hablemos ahora de lo acontecido el sábado 1 de junio en el ruedo Cordobés, comenzaremos hablando de “Finito de Córdoba”, que sin duda, se dio un merecido baño de cariño entre su público más fiel, fino estuvo en Finito, al primero al que le cortó una oreja, cuajó muletazos de cartel de toros, con el compás abierto y desprendiendo ese aroma “finitista” que tanto ha enamorado a los aficionados, que aún esperan ese sabor a fino cordobés que sólo él sabe desprender, con el capote lo bordó, y  es que  hay que llamarse Juan y apellidarse Serrano Pineda, para torear como solo él puedo hacerlo, dio una muy torera vuelta al ruedo; este es el poso de un fino de crianza y gran reserva; con el cuarto, que brindó a sus compañeros no tuvo opciones.

José María Manzanares muy querido en esta plaza, se estrelló con el peor lote de la tarde y de la feria, a sus toros le faltaron el fuello necesario para perseguir la muleta, aún así en su primero, si hubiera estado más certero con el estoque, el alicantino hubiera tocado pelo.

Y Ahora llega uno de los momentos más difíciles para el arriba firmante, y es que jamás he sido testigo, en mis 24 años de vida, de una tarde tan mágica e inolvidable, tras dos actuaciones desbordantes de felicidad, torería y sentimiento, trofeos al margen, ni más ni menos, que el genio de la Puebla obtuvo cuatro orejas y un rabo, ¡nada exagerado!, ahora mismo no sabré recetarle, bien podría escribir una poesía, para intentarles explicar el arte que brotó de las telas de Morante.

Es hora de hablar con el alma, no sin antes, desnudar mis recuerdos, faltan palabras para alabar el impresionante despliegue de toreo de capa, a cargo de Don José Antonio Morante Camacho, durmiendo las nobles embestidas de los ejemplares de Juan Pedro Domecq en el capote, envolviéndolo con lances que duraban una eternidad, al ralentí.

El galleo por chicuelinas al quinto fue otro mundo, pero donde envenenó de arte a toda Córdoba fue en la faena de muleta, ¡Qué sinfonía de cante grande!, ¡Qué manera de enroscarse al toro en cada muletazo!, ¡Qué manera de citar con el pecho y llevar toreado la embestida del burel hasta donde no da más de sí la muñeca!, ¡Qué despaciosidad señores!, ¡Que gusto y torería!, ¡Que toreo más barroco, natural y arrebatado!, ¡Qué manera de ralentizar los oles, al compás del toreo de ensueño!, ¡Qué manera más torera de matar de media lagartijera!, la formidable actuación de Morante en Córdoba fue un gozo para el alma, para el sabroso y dulce paladeo de los sentidos, un deleito gozoso, donde la plaza era “un orgasmo colectivo”, antología del toreo al natural.

Resumiendo, fuimos testigos de un acontecimiento imborrable e irrepetible, la elevación del arte y el alma en una plaza de toros, de algo indescriptible y sin igual, Morante cortó un rabo en Córdoba, bordó el toreo, nos emborrachó de arte y los allí presentes salimos toreando de la plaza, si si, no exagero para nada, nos empapó de toreo eterno, gracias Señor por tardes como la vivida el pasado sábado en Córdoba, algo inmortal para los mortales, ahora y siempre por los siglos de los siglos, MorARTE.

Mi más sincera enhorabuena a los testigos de esta monumental obra de arte, ¡Viva la grandeza del toreo!

A continuación, la magnífica galería gráfica de tan irrepetible epopeya, por Joseán  Pila

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