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Albacete Hellín Villarrobledo Almansa

Una afición o una pasión

Una afición o una pasiónCarlos Santos-Ruiz Rodríguez-Arias. El gran poeta y escritor D. Gerardo Diego dijo: “A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad. “Buscamos, se fieles a nosotros mismos, en nuestros propios sentimientos. Esas sensaciones, afloran en el ser humano, desde que se acerca a un ruedo hasta que sale de él. Un sentimiento difícil de explicar porque cada uno lo percibe de manera diferente.

En mi caso particular, la tarde comienza en el momento que me estoy acercando a la plaza, cuando veo a la muchedumbre ansiosa por ver una buena faena. Gente de todo tipo, personas diferentes, pero con algo en común: una pasión. Se me pone la piel de gallina solo de pensar en el momento en el que estoy rodeado de miles de personas que van a fijar su mirada en algo que muchos entendemos como arte. Estoy nervioso porque llego a la plaza, pero ¿por qué he de estarlo si no es la primera vez que voy? No lo sé, será esa magia que nos envuelve en algo especial, que consigue que nos olvidemos del mundo. Unos beben para olvidar, yo voy a los toros para olvidar. He sentido el corazón a mil por hora, cuando sé que llego con el tiempo justo, me pueden cerrar las puertas y tengo muchas probabilidades de perderme el primer astado. He sentido escalofríos cuando un ruedo se llena con miles de personas y yo soy uno más entre Los aficionados. He sentido lo que es una lágrima de emoción, el olor de un buen puro, un grito desgarrador, la sonrisa de un niño, una mirada perdida en el tendido, y lo más bonito: ver un pase, de un torero que roza la muerte hasta poder besarla.

Siempre he dicho que para aprender lo que es la tauromaquia hay que ir a una plaza, porque es fácil leer, ver videos, pero donde se concibe la mayor sabiduría taurina es sentándote al lado de un apasionado. Que entiende, que te explica lo que sucede de una forma objetiva y que deja los sentimientos para uno mismo. En el toreo hay que cerrarse en uno mismo y vivirlo de una manera muy personal. Porque uno se tiene que hablar a sus adentros y es cuando se descubre la pasión que te ciega y consigue que la tauromaquia sea un aliciente importante en la vida que te hace feliz.

Joseph Joubert, dijo:” Lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira.” Uno puede tener un momento sorprendente, pero la admiración no señores, eso se lleva dentro, y cuanto más se admira algo, más admirable nos resultará. Admiro no solo al torero, sino también al que aguanta toda la faena hasta la muerte del último toro. Al anciano que le cuesta andar y no falla ni una sola tarde al encuentro. Al turista que no sabe lo que es una corrida y ahí está haciendo fotografías sin parar. Admiro al propio presidente por su gran responsabilidad y especialmente admiro al apasionado, que no aficionado. El apasionado, es el que antes, durante y posteriormente tiene un cúmulo de sentimientos muy dispares. Es aquel que sale de la plaza, le empujan, no sabe ni por donde salir, porque sigue pensando en lo que ha visto. Que llega al bar de al lado de la plaza y por mucho que escuche al de al lado o a sus amigos, su cabeza solo piensa en lo vivido, analizando lo bueno y lo malo. Cerrándose en un mundo del que no quiere salir. Los románticos dicen que lo fácil es amar y lo difícil es olvidar. Si una persona ama la tauromaquia, nunca la olvida, uno puede olvidar un torero, un toro, pero los sentimientos no se olvidan, porque si solo fuese emoción, sería una costumbre y todas las tardes serían monótonas. Aquí se vive seriedad, alegría, emoción, enfado, tensión, desencanto, y lo vives con eso que muchos llaman alma. Un alma invisible, que maneja al ser humano y que gracias a la cual consigue que lleguemos a nuestro máximo esplendor. Yo soy apasionado, ¿y tú?